Tejer y sanar (útero)
Tejer es una terapia y estoy convencida de que no solo ayuda a desarrollar o estimular habilidades o las capacidades neuronales o sensoriales, como la memoria, concentración, motricidad o creatividad. También podemos tratar cosas mucho más internas y trabajar cosas que tienen que ver directamente con el alma.
Creo qué nos brinda un espacio para conectarnos con nosotros mismos, ya que desde el silencio en la concentración de lo que estamos haciendo podemos mirarnos a nosotras mismas, de una manera distinta.
En estos días tuve la oportunidad de trabajar algo que no había hecho nunca. Y en forma muy especial me tocaba a mí desde lo más interno. Porque se relacionaba directamente con cosas que son parte nuestra y nos acompañan todos los días. Pero a la vez no le damos importancia. Es como que no estamos conectadas con esa parte de nosotras.
Es curioso cómo se toman como femeninos aspectos externos, desde una vestimenta de un montón de actitudes o actividades juegos que la cultura nos ha hecho entender que son propias de la feminidad. Sin embargo hay otras cosas que son mucho más nuestras, qué son características físicas y emocionales, que nosotras dejamos pasar. Es como si estuviéramos desincronizados con nosotras mismas. Porque usamos el cuerpo para exigirnos y para tratar de lograr un montón de metas, la mayoría de las veces externa y de cumplir con un montón de parámetros, para demostrar que nosotras sí podemos. Al mismo tiempo que nos olvidamos de lo que somos, olvidamos de lo que sentimos, nos olvidamos de que nuestro cuerpo es cíclico y que nuestras emociones, nuestros intereses, nuestras capacidades están relacionados con ese ciclo.
Nuestras partes del cuerpo siempre han sido como un tabú. Nos cuesta hablar aún entre nosotras, entre amigas sobre la menstruación, sobre nuestro útero, nuestros pechos. Llegando a veces a censurarnos, viéndolas como negativas o como malas. Es más, desde chiquitas es como que tenemos un rechazo y un odio a nuestro período y eso hace que nos neguemos a un montón de cosas, que son muy propias nuestras.
Cosa que no le pasa a los hombres. Ellos pueden hablar con otra soltura. Ya varios profesionales han hablado al respecto. Y se que tiene que ver con el hecho de que nuestros órganos sean internos y que nuestro conocimiento más lento e intuitivo.
En mi caso particular ser mamá de muchos hijos y tener los niños tan seguido. Siete partos en 14 años. Me convenci a mí misma de que yo podía con todo, que mi cuerpo se puede recuperar, que todo lo puedo. Poniendo mis metas por encima de lo que en realidad mi cuerpo venía sufriendo. Llegando al punto de permitir el daño con tal de sentirme querida, de soportar lo insoportable para no reconocer el fracaso de elegir mal al compañero de vida. Hasta que mi cuerpo me habló y me dijo basta. Y mi útero sangraba todas las lágrimas que yo aguanté.
Hace un mes una obstetra me pidió un modelo tejido para explicar el parto. Fue algo que me llamó la atención desde el principio y a la vez todo un desafío, porque nunca lo había hecho. El trabajar con él con el útero, tejerlo y destejerlo, porque su tamaño no era apto para acoger al bebé que qué había hecho, o él porque resultó muy grande, o porque simplemente tenía algunas imperfecciones que no hacían armonioso a la vista del tejido. Todo ese proceso me hizo darme cuenta de que lo mismo le pasa a mi cuerpo en cada embarazo, y en cada parto. El crecer, el achicarse, el que queden pequeñas cicatrices o pequeñas imperfecciones, fueron parte de mi vida por muchos años. Y este trabajo me ayudó a entenderlo, a quererme y valorar ese esfuerzo, el pedirme perdón por la falta de paciencia y cuidado.
Me falta mucho por sanar, crecer y aprender. Pero agradezco a Dios ponerme en el camino las circunstancias, herramientas y personas adecuadas para ser cada día mejor.


Comentarios
Publicar un comentario